lunes, 31 de agosto de 2009

LOS NÚMEROS FAVORECEN A LAS MINORÍAS.


Durante el porfiriato la educación triunfó, se solidificó ideológicamente, tuvo un cambio radical en las materias y en sus métodos de su enseñanza. Las escuelas en ese entonces se dividían en tercera clase, mixtas o de dos turnos, también existían escuelas en las haciendas y los ranchos. Las escuelas rurales se fueron incrementando más que las urbanas, los estados con más escuelas rurales eran San Luís Potosí, Zacatecas y Tamaulipas. En San Luís Potosí existía una gran preocupación por las escuelas rurales, por tal motivo que en el año de 1899 se organizó un congreso con la intención de unificar a la educación y establecer un plan estatal de proyecciones al futuro.
En tabasco se implementó a los maestros ambulantes, por la necesidad de personal en ese entonces. En hidalgo para que se mejorara las condiciones de las escuelas rurales, el sueldo de los maestros era más alto en comparación de los oficiales.
Era tanto el interés por educar al indio para que se integrara a la sociedad, que en la primera década, el porcentaje aumentó. Auque educar al indio era una hipótesis para que después fuera realidad, existieron varios hacenderos que estuvieron en contra de esa idea. Francisco Bulnes, Emilio Rabasa y Francisco Cosmes fueron algunos. Pensaban hacer un indio un miembro útil para el trabajo, pensaban enseñar a leer y escribir, pero a realizar esto, se daría cuenta de su realidad, por eso que pensaron que constituía en un inconformismo social. En contraste Justo Sierra pensaba que la educación por sí misma sería suficiente por integrar al indio a la sociedad y aminorar las desigualdades sociales.
El distrito federal fue el centro político, económico, social y cultural del país, los países del norte fueron los que tenían un alto puntaje de escolaridad.
La población indígena en esa época siempre fue un obstáculo para los programas educativos, pues mientras se consideraba inferiores o simplemente tan inteligente como los blancos, y mientras existía la polémica de si era mejor integrarlos o educarlos en sus propios idiomas, se pasaron los años, y por eso, no es mera coincidencia que los estados con mayor población indígena como Guerrero, Oaxaca y Chiapas hayan sido los menos alfabetizados. Entonces provocaba que en esa época existiera un alto nivel de alfabetos que con esto se hablaba continuamente de adquirir un mínimo de conocimientos suficientes para hacer valer los derechos y obligaciones como ciudadanos mexicanos. La aspiración real de cualquier familia era poder mandar a sus hijos a la escuela uno o dos años, a través de los cuales aprenderían medianamente a leer, escribir y a contar. Otro factor es la asistencia, pues esto cambió el índice de alfabetizados y en la parte de México central la asistencia media anual era más baja que en el norte, porque la población infantil estaba muy condicionada a la época de las cosechasen que la mayoría trabajaba y por lo tanto faltaba a la escuela. En Oaxaca solamente la sexta parte de los niños en edad escolar asistía a la escuela.
Durante el porfiriato el número de escuelas privadas y del clero eran muy inferior a las de los oficiales y, de las primeras dos, las privadas superaban con mucho a las segundas. El estado porfirista motivó a las particulares, ofreciéndoles útiles o textos escolares, para que abrieran planteles educativos siempre y cuando se sujetaran a las normas y programas establecidos por el gobierno. Los particulares, a su vez, ayudaron al gobierno cediéndoles cosas para la escuela sin cobrar renta. Las familias acomodadas iniciaban la educación de sus hijos en sus hogares con la institutriz que les enseñaba a leer, escribir y a contar y después acudían a una escuela privada. En el porfiriato la mayoría de las escuelas funcionaban para uno u otro sexo, en Chihuahua, en las escuelas mixtas las niñas tenían patio del recreo y servicios distintos de los niños, marchaban separadamente y sólo se reunían en el salón de clases en donde los niños ocupaban dos hileras de bancas y las niñas otras dos. Los padres mandaban a sus hijas a las escuelas con la intención de que aprendieran bien los quehaceres domésticos para que en el futuro fueran buenas madres y esposas.

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